miércoles, 8 de febrero de 2017

LA CAPILLA DE SANTA MARIA DE JESÚS


Si paseas por Sevilla y en concreto por la Puerta de Jerez y la Avenida de la Constitución, te tropezarás con esta pequeña joya. Se llama la Capilla de Santa María de Jesús y es de la construcciones mas antiguas que podemos ver en la avenida, junto a la Catedral, el Archivo de Indias y la torre de Abd el Aziz. El resto de edificios son del primer cuarto del S. XX

Fue la capilla de la primera universidad de Sevilla, construida en 1506 con fondos del propio Maese Rodrigo de Santaella y gracias a la bula papal otorgada por Julio II. El edificio universitario, como ya comentamos en una publicación anterior, desapareció con las obras de alineación y apertura de la avenida y del casco histórico, hacia los terrenos donde se desarrolló la Exposición Iberoamericana de 1929.

El edificio universitario, mpieza a construirse en la zona ese mismo año y no finaliza hasta tres años después de la muerte de Maese Rodrigo. Su actividad escolar se alarga hasta 1822, siendo clausurada la activdad en 1836 en la que fue cedida a la diocesis destinándola a Seminaria Conciliar. El edificio fue derribado en 1920, salvándose la capilla al ser declarada Monumento Nacional, gracias a la iniciativa de José Gestoso



El edificio es de estilo Gótico-Mudejar tardío, con partes terminadas en ladrillo visto. Podemos ver tres fachadas, la principal que se encuentra hacia la Avda. de la Constitución, la de la Epístola que la vemos desde la Puerta de Jerez y la del ábside que la vemos desde la calle San Gregorio.

Para acceder a la capilla en su origen, se hacía a través de un patio interior del edifico. Esta fachada fue contratada para su construcción a Martín Sánchez en 1514. En ella vemos una pequeña portada realizada en ladrillo visto de dos tonos de color y consta de un arco conopial y enmarcado por un alfiz.

Puerta principal de la capilla

Cuando se produjo el derribo del edificio, esta fachada quedó vista desde la Avenida de la Constitución y su acceso se hacía desde un pequeño atrio ajardinado. En la última reforma llevada a cabo se descubrió su solería original, el cual podemos ver en la actualidad.

Solería original

En la fachada de la Puerta de Jerez vemos una hermosa ventana gótica con arquivoltas y tracerías. También encontramos una lápida con una grabación latina en la que hace referencia a su fundación. Remata la fachada dos ventanas cuadradas añadidas en la reforma realizada en el S. XVII y sobre el muro se encuentra coronado por merlones escalonados de estilo Omeya.


Ventana gótica

Fachada hacia la Puerta Jerez donde se encuentra ubicada la ventana gótica


Lápida de mármol donde hace alusión de la fundación de la universidad

La fachada que da hacia la calle San Gregorio solamente hay dos detalles que se puede destacar, una pequeña ventana (casi una saetera) y una gárgola


Fachada a San Gregorio
El último elemento que merece mención es la espadaña. Levantada sobre el prebisterio en 1509 por Martín Sánchez. Está formada por un solo cuerpo y un vano con un arco de medio punto con enjustas, donde se aloja su correspondiente campana, ejecutada con ladrillos de dos colores con pilastra cilíndricas con basa y capitel del mismo material y empotradas en las jambas y laterales. Rematadas con almenas escalonadas en sus cuatros caras. Sobre su azotea se alza una sencilla cruz de cerrajería artística con veleta.
La espadaña
Al atravesar la puerta hacia el interior, nos encontramos una sola nave, dividida en tramos separadas por un arco toral apuntado y adornados por cardinas. 



En el tramo descubrimos una bonita cubierta de artesanado de madera y en el presbiterio una bóveda de crucería gótica con terceletes.

Cubierta del Presbiterio

Cubierta artesanal de madera
Al fondo vemos uno de las obas más importante del pintor alemán afincado en Sevilla, Alejo Fernández realizado en el 1520. El retablo atiende a una estructura característica al gótico tardío, al estar formado por sotobanco, banco, dos cuerpos y cinco calles, aunque las pinturas muestran ya las novedades del Renacimiento Italiano.


 En el banco figuran seis tablas que representan tres obispos, un Ecce Homo y una imagen de la Virgen con el Niño de estilo bizantino, probablemente traída de Italia por el fundador.

En el primer cuerpo vemos en las calles laterales a los cuatro Padres de la Iglesia Occidental, San Ambrosio de Milán, San Agustín de Hipona, San Jerónimo de Estridón y a San Gregorio Magno. En el centro vemos a la Virgen de la Antigua y a sus pies a Maese Rodrigo de Santaella ofreciendole la nueva universidad.

  
En el cuerpo superior vemos a San Gabriel, San Rafael, San Pedro y a San Pablo y en la calle central una escena de Pentecostés.

A pie del retablo se encuentra la tumba del fundador Meese Rodrigo de Santaella.

A la derecha del retablo, vemos una Virgen Imaculada con el Niño.

En los muros laterales cuelgan varias pinturas de mediano interés. Sobre la puerta de acceso a la sacristía encontramos una tabla con la  Virgen de la Antigua del S. XVI y en la primera nave, en el muro izquierdo destacamos una copia de la Adoración de los Pastores de un imitador de Ribera.



jueves, 26 de enero de 2017

LA ALAMEDA DE HÉRCULES

La Alameda de Hércules se encuentra en la zona norte del distrito de Casco Antiguo y  de lo que fue la urbe amurallada medieval y cerca del paseo de Juan Carlos I, la dársena del río y de barrios con tanto renombre y solera como son el de San Lorenzo, Feria o el barrio de la Macarena.



En una bonita leyenda, que sitúa en el año 584, el origen del espacio que después llegaría a ser la Alameda. Por su puesto, este hecho no está documentado. Leovigildo se proclamó rey visigodo tras la muerte de su hermano. Su hijo Hermenegildo se convirtió al cristianismo y al año siguiente se autoproclamó rey de la ciudad. sublevándose a su padre. Leovigildo hizo cambiar el paso del agua del brazo menor del Guadalquivir que pasaba por la Alameda de Hércules a fuerza de obstaculizar su paso y así cortar el suministro de agua a la ciudad. Con esta leyenda el espacio que hoy conocemos como la Alameda, queda como unos terrenos desecados y con cotas mas bajas que el resto de la zona.

Lo cierto de todo ello es que fue un brazo del Guadalquivir, espacio extramuro hasta la construcción de la muralla almorávide en el S. XII, momento en el que se debió de desecar. Aunque la mayor parte del agua de la zona vertían hacia allí y a través de un husillo esta iba a parar al río.

Por su condición de espacio de cota baja y sin urbanizar, hacian que se acumulase las aguas residuales y las de lluvia y por ello fue conocida en el S. XIII por la Laguna o la Laguna de Feria por la cercanía al barrio del mismo nombre.

En 1574 Francisco Zapata y Cisnero, conde de Baraja y asistente de Sevilla, ordena la urbanización de la zona, con la plantación, entre otros de álamos. Por esa circunstancia es por entonces conocida como "La Alameda" hasta entrado el S. XIX. Entre 1830 y 1860 se la conoce como la Alameda Vieja, para diferenciarla de la que se había formado tras la urbanización del actual paseo de Cristobal Colon.

En 1845 es cuando recibe la denominación oficial de Alameda de Hércules, nombre que perdura hasta nuestros días. Toma el nombre en referencia a las esculturas que rematan sobre las columnas, una de las cuales encontramos al héroe mitológico y según la leyenda fundador de la ciudad.

Estas columnas montadas en la zona meridional de la Alameda en el 1575 en modo de entrada a esta, fueron traídas del templo romano de la calle Mármoles y sobre ellas se colocaron las esculturas de Hércules, fundador de la ciudad y de Julio César a quien se le atribuye la renovación urbana de Hispalis. Ambas esculturas fueron realizadas por Diego Pesquera.



El Cabildo Municipal hizo grabar en los pedestales unas inscripciones latinas, resaltando que ambas esculturas son dedicadas a Carlos V y Felipe II, a quienes compara, respectivamente, con el mítico personaje y con el dictador romano. La columna de Hércules es dedicada a Carlos V y dice: "... que mucho más allá de las columnas de Hércules, dilatada su gloria por el nuevo mundo, terminó su imperio con el océano, su fama con el cielo...". Hay una segunda inscripción dedicada a Conde de Barajas, como artífice de la urbanización de la zona y montaje de las columnas.


La de Julio César está dedicada a Felipe II que como aquel contribuyó a la reforma urbana de Sevilla, "... y dadas de nuevo ilustres leyes municipales, ha aumentado y ennoblecido esta ciudad, como Óptimo Príncipe, y de esta Romulense Colonia restaurador...". Hay también una segunda inscripción, esta en castellano, que se limita a dar fe que la obra fue realizada en 1574, reinando Felipe II, siendo asistente de la ciudad el Conde de Barajas y obrero mayor Juan Díaz Jurado.

Entre los años 1764-65, siendo asistente de la ciudad Ramón de Larumbe, se produce una profunda remodelación, con el montaje de tres nuevas fuentes, la reposición del arbolado, nuevos asientos y alcantarillas y la colocación en el frente norte de dos nuevas columnas, buscando la similitud geométrica con el lado sur, en las que se erigieron dos esculturas de leones y en sus manos el escudo de España y el de Sevilla.



De nuevo se mandó a grabar dos lápidas una en cada columna, en la que se explican las obras por entonces realizadas. La de la derecha da fe de la nueva cañería que desde la fuente del Arzobispo surte de agua a la Alameda y la de la izquierda explica las operaciones de reurbanización realizadas en la Alameda.

En 1801 se realizaron una nueva reforma, menos vistosa pero más higiénica para la ciudad y para la Alameda. Se cerraron las zanjas que recibían las aguas y escombros y se construyó una gran cloaca.

Hasta mediados del S. XIX la Alameda de Hércules era de mayor dimensiones, hasta que se realizan una serie de reformas urbanísticas, Entre las reformas realizadas, se destaca la que llevadas a cabo por el arquitecto municipal Balbino Marrón en 1857 que percibía una Alameda más o menos rectangular. Fruto de su reforma crea nuevas manzanas de viviendas alrededor  y con ello la formación de nuevas calles, por ejemplo la calle Belén o la prolongación de algunas existentes, como por ejemplo la calle Lumbreras. Además deja aislada y fuera del espacio de la Alameda la capilla del Carmen de Calatrava, que hasta entonces había formado parte de ella.



En 1852 se manda a retirar las fuentes montadas bajo los mandatos del Conde de Baraja y Larumbe y se monta, en el extremo norte, la Pila del Pato, traida desde la Plaza de San Francisco y hasta que en 1942 fue llevada al Prado de San Sebastián. En 1876 se limpian las columnas de Hércules y Julio César y se les colocan rejas y diez años después se monta las rejas alrededor de las columnas que soporta  a los leones.

Todas las reformas hasta ahora habían sido realizadas mantenido la ordenación del espacio de la Alameda como una sola unidad, tanto en su sentido longitudinal, como en el latitudinal sin el paso de vehículos a través de ella. Hasta que en 1936 se fragmenta con la prolongación de las calles Belén y Santa Ana, dejando la Alameda dividida en tres fragmentos. En la reforma de 2007, que es la que conocemos hoy día, se vuelve a considerar la Alameda como una sola unidad totalmente peatonal.

Fruto de esta última remodelación, además del ya hablado arbolado y las columnas, nos encontramos a lo largo de todo el paseo de la Alameda de Hércules varias fuentes. Se componen de un mosaico de azulejos realizado a ras del suelo con surtidores que se abren y vierten el agua de dos formas distintas, por dispersión y vertiendo un chorro vertical, obra de Elías Torres. Buscando la sombra del arbolado, encontramos bancos de líneas geométricas realizado mediantes placas de hormigón pintadas en tono albero. Se componen de varias plataformas de asiento con respaldos dispuestos irregularmente, creando composiciones geométricas.

Son pocas las referencias que se tienen de la pavimentación de la Alameda de Hércules. Hasta el S. XIX los caminos eran enarenado, sobre para la celebración de las veladas de San Juan y San Pedro. En 1868 se enpedró el tramo comprendido entre las calle Santa Ana y los Hércules. En 1901 se adoquinó el tramo comprendido entre Trajano, Amor de Dios y los Hércules, para el paso del tranvía. Con posterioridad se adoquinó el resto de la calzada y en 1970 se asfaltó. Hasta el 2007, donde se llevó a cabo la última reforma, donde se encuentra tal y como la conocemos hasta nuestros días, la Alameda de Hércules estaba pavimentada con albero y en su parte central veíamos una losa de hormigón fruto del abandono del primer proyecto del metropolitano de Sevilla.

La edificación alrededor de la Alameda de todo los tiempos era la casa popular de dos plantas. Hoy, como ocurre con el resto del casco antiguo, se da paso a edificar nuevas viviendas multifamiliares de cinco plantas con otras del S. XVIII, XIX y XX. Cabe destacar la casa nº 22 esquina a calle Santa Ana, del S. XVIII, hoy restaurada y convertida en hotel.


También merece mención la casa nº 93 esquina a la calle Barco. Entre las pilastras vemos la fecha de su construcción (1698). Es una casa de dos plantas y ático con arcos de medio punto, restaurada como viviendas multifamiliares.





Pero sin duda la casa que mas interés despierta, es la llamada Casa de las Sirenas. Ocupa la manzada formada por las calles, Arias Montano, Jesús del Gran Poder, Recreo y la propia Alameda de Hércules.

Se construyó en uno de los terrenos adquirido por Lázaro Férnandez de Ángulo, Marqués de Esquivel, fruto de la alineación y reurbanización llevadas a cabo en el 1857 y construido por el arquitecto Joaquín Fernández Ayarragaray entre los años 1861 y 1864. Palacete romántico de influencia francesa, de estilo único en la ciudad. Después de ser abandonada y saqueada durante los últimos años del S XX. fue adquirida por el Ayuntamiento de Sevilla, restaurado y en la actualidad es sede del centro cívico de igual nombre




Ya para finalizar, os invito a que sigamos paseando por la Alameda de Hércules, encontrándonos en la extremo norte, este conjunto escultórico dedicados a la Niña de los Peines, a Manolo Caracol y a Chicuelo. Es sorprendente como estos tres monumentos han llegado hasta allí.


La primera que vamos a ver es el retrato en bronce de Pastora Pavón, "Niña de los Peines". Es una figura de medio cuerpo, envuelta en un mantón en actitud de iniciar un cante. Es un retrato de características académicas, ya que se trata de un retrato idealizado de la homenajeada. Se alza sobre pedestal de mármol.



Este monumento fue realizado por Antonio Illanes Rodríguez, con el patrocinio de Radio Sevilla, siendo inaugurado en 1968. Se encontraba en el ensanche de la calle Calatrava. Desde ese mismo año se convirtió en el escenario de numerosos homenajes en honor de la Niña de los Peines. Poseía un original pedestal de hormigón decorado con los palos que dominaba la artista en letras de bronce. En 2003 se encontraba sobre un nuevo pedestal vallado con una verja de hierro. Fue retirado con motivo de la remodelación de la Alameda hasta que en 2009 fue instalado en la ubicación actual sobre nuevo pedestal.


La segunda es una escultura realista realizada en bronce que representa a Manolo Caracol sentado, en clara actitud de iniciar un cante. En el plano frontal del monumento, el escultor traza el relieve de una guitarra entre las piernas del cantaor. El monumento se alza sobre un pedestal cuya forma reproduce la base de la escultura.


Surge de una propuesta del crítico flamenco José Antonio Blázquez. Fue inaugurada en 1991 situada frente a las columnas de Hércules. En 2005, con motivo de las obras de reurbanización de la Alameda, fue retirada y permaneció en los jardines de la Casa de las Sirenas, centro cívico de la Alameda, hasta mayo de 2009 en que fue recolocada en su ubicación actual sobre un pedestal nuevo. Su autor es Sebastián Santos Calero.



El tercer homenajeado es  Manuel Jiménez Chicuelo justo en el momento de ejecutar una "chicuelina", lance creado por él.




Escultura realizada en bronce por Alberto Germán Franco, se alza sobre pedestal cilíndrico de piedra donde se inseta un relieve en bronce con escenas y paisajes alusivos a la biografía del homenajeado: el puente de Triana, la Plaza de la Maestranza o la propia Alameda de Hércules. En total el conjunto mide más de tres metros de altura.



Este monumento fue sufragado por la Fundación Caja Rural del Sur. Fue inaugurada el 21 de julio de 2009 contando con la asistencia del propio autor.

Ya para finalizar veremos una vista aérea de una de las fuentes que forman hoy la Alameda. En ella aparecen dos fechas, 1574, cuando se llevó a cabo la primera reurbanización de la zona y la de 2007, fecha prevista la inauguración de la reurbanización diseñada por el arquitecto Elías Torres. Curisoamente se inauguró un año después.


Y de estas imágenes de como es la Alameda de Hércules hoy en día



jueves, 12 de enero de 2017

LA CALLE SIERPES (II): HISTORIA

Ya hemos visto en el capitulo anterior cual pudo ser el origen del nombre de la calle. En esta capitulo quiero que conozcamos un poco su historia, quienes la habitaron y como fue evolucionando a lo largo del tiempo hasta llegar a la calle que todos conocemos y por la que hoy podemos pasear

También vimos en el capítulo anterior, que el primer topónimo con el que se conoce la calle  tras la reconquista de la ciudad por Fernando III fue la de calle  Espadero, ya que fue este gremio la que la habitó. Que en época de los Reyes Católicos es conocida con ambos nombre y como despues de algunas transformaciones en su nombre  paso de llamarse  la Calle de la Sierpe a llamarse calle Sierpes. 

Pues empecemos a situarla donde se encuentra en la ciudad. Esta calle pertenece al distrito municipal del casco antiguo de la ciudad y va desde la Campana hasta la Plaza de San Francisco. Próximo nos encontramos el Excmo. Ayuntamiento de la ciudad y no muy lejos la Sevilla monumental, con la Avda. de la Constitución, La Catedral, El Alcazar, El Archivo de Indias o la Iglesia del Divino Salvador. Tampoco hay mucho trayecto para llegar al río y cruzarlo por su Puente de Isabel II para llegar al arrabal mas antiguo de la ciudad y mundialmente conocido barrio de Triana.



Pero para conocer la calle Sierpes de hoy, empezaré trasladandome al 1771, con los planos y la división urbanística que se le encarga a Pablo de Olavide. En ellos vemos que en la misma calle Sierpes aparecen dos zona a la que se le conocía con nombre propio.


 La primera es la formada por la confluencia con la calle Rioja. En dichos planos vemos que se le conoce con el nombre de la Cruz de Cerrajería. El origen de este nombre se debe a que en ella se econtraba una cruz de hierro, realizada en 1692 por Sebastián Conde y que fue a sustituir otra del siglo XIV.


Esta cruz era necesario demontarla cada vez que se celebraba algún cortejo oficial, hasta que en 1840 se desmonta definitivamente, para terminar montándose en la plaza de Santa Cruz, como podemos ver en la imgaen. Con posterioridad y  una vez desmontada la cruz pasó a llamarse Plaza de la Cruz de Cerrajería.

Plaza de la Cruz de Cerrajería, según los planos de Pablo de Olavide 1771
La segunda es la que forma la confluencia de la calle Sierpes con Sagasta y Jovellanos. En ella aparece que desde mediados del S XVIII se le conocía como las Cuatro Esquinas y posteriormente las Cuatro Esquina de San José, nombre dado por la proximidad de la capilla de San José allí existente.




La calle era estrecha y muy sinuosa hasta que en 1854 cuando se ordena la ejecución del primer proyecto de ensanche y alineación de las fachadas. A este proyecto le siguieron otros en 1860, 1873, 1890, 1911, 1926, 1931 y finalmente el de 1941 al que le afectó a la manzana formada por las calles Sierpes, Almirante Bonifaz, General Polavieja y Granada y así conseguir la alineación que existe en nuestros dias.

Como ya hemos visto el origen de la calle fue la desecación de un brazo del Guadalquivir que iba desde la Alameda de Hércules hasta la desaparecida Puerta del Arenal, donde desembocaba en el río principal. Es por ello que la cota de la calle es muy baja y por lo que en multitud de ocasiones se inundaba, llegando a ser intransitable. Así se recoge en 1729 una protesta vecinal tras la retirada de unas pasaderas existente.

En el S. XVIII aun era permitido tirar libremente aguas fétidas a la calle, que corría hacia la campana. En 1850 es aprobado la construcción de unas cloacas en el tramo entre La Campana y Pedro Caravaca, obras que finalizaron en 1878.

Siempre se ha tratado de una calle de mucho tránsito de personas, por ello la pavimentación de la calle ha sido una empresa prioritaria para los distintos gobernantes de la ciudad. Por lo que podemos encontrar documentación de que en 1522 el firme se encontraba enladrillado para facilitar su tránsito. En 1597 se empiedra por primera vez. En hechos como el Corpus Christi, el desfile del Estandarte Real en 1666 o la venida de Carlos V a la ciudad en 1790, eran ocasiones para limpiar y reparar la zonas defectuosas o empedrar la calle de nuevo.

En 1892 se acuerda adoquinar la calle y en 1904 de cubrirlo con una capa de cemento. En 1948 se aprueba pavimentarla con  una losa de cemento y en 1973 se realiza una obra de pavimentación y reinstalación de las instalaciones de agua, alcantarillado, etc. Hasta que no hace mucho se pavimentó con la solería que vemos en la actualidad.

El origen del alumbrado lo encontramos con la instalación en 1854 de unas farolas a gas, renovadas en 1888. Le primera iluminación con energía electrica la encontramos para el transcurrir de la Semana Santa de 1894, en la que se instalan unos focos a lo largo de la calle.


De las construcciones ya desaparecidas, destacaremos la antigua cárcel, que desde época medieval logró sobrevivir gracias a las múltiples reformas realizadas en ella. Allí estuvieron presos Miguel de Cervantes y Mateos Alemán. 

El nuevo edificio que se construyó tuvo multiples uso, baños públicos, hostal, café, hasta nuestro día que es propiedad de una entidad bancaria.

En la fachada del edificio nos encontramos una lápida montada en 1905 por la Real Academia de las Buenas Letras, en la que nos recuerda que allí estuvo preso Cervantes.


También vemos en la fachada un azulejo de Gonzalo Bilbao, donde se representa la entrada principal de la antigua cárcel. Este azulejo fue encargado en 1934 por el Banco Central Hispano propietario de por entonces del edificio.


 A los largo de los S. XVI y XVII proliferan el asentamiento de varias ordenes religiosas en la calle. La primera que destacamos, asentadas en el primer tramo de la banda de los impares, es la orden de monjas dominicas de Pasión. En 1838 tras la exclaustración realizada por Mendizabal, se instala la primera litografía que existió en Sevilla, introducida por Vicente Mamerto Casajus y Espinosa. Así nos lo recuerda un azulejo montado por la Asociación de Comerciante de Sierpes el 1 de Junio de 1986


A principio del S. SVII se instalan los padres agustinos, en la esquina con la calle Pedro Caravaca, para crear el convento de San Acacio. Tras las expulsión por los franceses, fue ocupado por la Academia de las tres Nobles Artes, posteriormente por la biblioteca municipal y seguidamente por las oficinas de Correos. Hoy es la sede del Real Circulo de Labradores y Propietarios de Sevilla


También fue sede de la Hermandad del Gran Poder entre 1696 y 1703, como así podemos ver en un azulejo recordatorio instalado en 2001

 A la altura de la c/ Rioja, se encontraba el convento de Nuestra Señora de Consolación de las monjas mínimas de San Francisco de Paula. Las monjas mínimas sufrieron también la exclaustración de Mendizabal, pasando a ser la sede del Círculo de la República Federal y mas tarde el Cine Llorens

Un último habitante del S. XVI que querría destacar fue el famoso Dr. Nicolás Monardes y Alfaro y su jardín botánico, como así nos lo recuerda el azulejo montado por acuerdo del Excmo. Ayuntamiento de Sevilla en la casa del nº 19, el 10 de Octubre de 1988, para conmemorar el cuarto centenario de su muerte.



El denominador común de esta calle a lo largo del tiempo es su dedicación al comercio y a la artesanía. Ya en el S. XV se encontraban un gran número de talleres de espaderos y herreros. En los S. XVI y XVII econtramos talleres de artesanos dedicados al calzado, guarnicioneros y talabarteros, espaderos y cuchilleros, cerrajeros e impresores y fabricantes de naipes. De ahí que Cervantes hace referencia a Pierre Papín y su tienda de naipes. Además en el S. XVIII las ordenanzas establecen el asentamiento del gremio de los plateros.

Ya en el S. XIX se produce un cambio en las actividades desarrolladas en la calle, desapareciendo los talleres artesanales y dando paso al comercio como hoy lo conocemos. Entre estos podemos destacar algunos que bien han desaparecidos recientemente o que aun existen, la Papelería Ferrer del 1856, la confitería La Campana de 1885. Algo posteriores son el Cronómetro, fundada en 1901, la sombrería Maquedano, del 1910, casa Rubio, dedicada a la venta de paraguas y abanicos o Deportes Z.




En este siglo también adquieren importancia la hostelería. Se abren varias fondas y hoteles y proliferan los cafés y los centros de tertulias políticas y literarias.


Es a partir de los años 60 del S. XX que se transforma el ambiente, pasando a ser una calle puramente comerical y mercantil y cada vez menos residencial y de ocio.

miércoles, 11 de enero de 2017

LEYENDA DE LA PIEDRA LLOROSA

Reinaba en España Isabel II, siendo gobierno de Narváez y tiempos de la Primera Guerra Carlista, un grupo de jóvenes liberales de Sevilla se alzaron en armas y se tiraron al monte. Iban camino de Ronda, cuando fueron alcanzados por  regimientos de Albuera y Alcantara. Los que no murieron en el desigual enfrentamiento, fueron capturados y llevados a Sevilla para su ejecución. 

El alcalde García de Vinuesa pidió en vano su indulto. Llegada la mañana del 11 de Julio, fueron sacados de San Laureano y llevados a la Plaza de Armas para ser fusilados. Todos en Sevilla, como era costumbre en la época, acudieron para ver el espectáculo. El regidor lloró aquella matanza sobre un mojón que, desde entonces, es conocida como la Piedra Llorosa.



domingo, 18 de diciembre de 2016

LA CALLE SIERPES (I): EL ORIGEN DEL NOMBRE


El origen de esta calle lo encontramos en la construcción de viviendas junto a la trayectoria de uno de los brazos del río Guadalquivir, que desde la Alameda de Hércules, bajando por Trajano, Amor de Dios y la Campana, transitaba por esta lugar, camino de su desembocadura al río en la Puerta del Arenal.

El primer nombre conocido es el de la calle de los Espaderos, ya que eran artesanos de este oficio que residian y ocupaban la calle con sus talleres y además era allí donde tenían su hospital y hermandad

Ya desde el siglo XIII se le conoce con el nombre de La Sierpe. A finales del siglo XVIII, pasa a llamarse de Las Sierpes y en la segunda mitad de siglo XIX pierde el artículo y pasa a llamarse tal y como hoy la conocemos.



De el orígen de su nombre no se tiene claro, pero existen cuatro versiones que la explicarían. Una de ella es una leyenda y las otras tres mas o menos documentadas por historiadores y escritores a lo largo del tiempo

Empezaré por la leyenda, que dice así:

"A finales del siglo XV, cuando aún no había terminado la Reconquista, Sevilla era el lugar de paso para las tropas que se dirigían al reino de  Granada. Se trataba de una frontera insegura, la cuál permitía infiltrarse fácilmente a individuos armados y merodeadores. En muchas ciudades, y por supuesto en Sevilla, había barrios de personas descontentas que siempre estaban dispuestos a fomentar la revuelta. Para agravar más la situación, los nobles españoles estaban divididos en bandos, todos hostiles al poder real que intentaba disminuir sus privilegios para fortalecer la autoridad de la Corona.

Por aquel entonces comenzaron a ocurrir en Sevilla siniestros sucesos... Con frecuencia faltaban niños. Unas veces desaparecían en la noche de sus casas, robados de sus propias cunas; otras veces desaparecían al atardecer, sin regresar de sus juegos a sus casas, sin que jamás se volviera a saber de ellos


Cundió la alarma en la ciudad con mil rumores. Unos decían que los niños eran robados por judíos para sacrílegas parodias de la crucifixión de Cristo; otros aseguraban que los niños eran robados por bandidos moros a los palacios del rey de Granada para convertirlos en esclavos; otros, que más bien eran piratas turcos que remontaban el Guadalquivir en barcas, entraban en la ciudad disfrazados de mercaderes para llevarse los niños y venderlos en los mercados del Gran Sultán de Constantinopla




Pero cierto día un hombre se presentó en casa de Don Alonso de Cárdenas, que por aquel entonces regentaba la ciudad. Aquel hombre no quiso mostrar su rostro ni decir su nombre. Venía a hablar del asunto de los robos de los niños que tan acongojada tenía a la ciudad. 

Don Alonso le preguntó que si sabía de quién o quiénes eran los autores, y que se le ayudaba a prenderlos los haría quemar a fuego lento en el campo de Tablada o los manadaría a descuartizar entre cuatro caballos en la plaza de San Francisco. El hombre le preguntó que cuál sería su recompensa si le ayudase a terminar con aquel grave asunto. Don Alonso le dijo que el premio sería lo que el quisiera; el hombre pidió su libertad pero como  no se fiaba de las promesas de Don Alonso, pidió un compromiso por escrito ante un escribano y Don Alonso aceptó. Delante del escribano  explicó que era un preso fugitivo, que se había escapado de los calabozos de la cárcel a través de las antiguas cloacas, y fue intentando huir por aquellos laberintos estrechos cuando encontró a quien robaba los niños. 


Don Alonso firmó el escrito en el que se redactaba que perdonaba de sus delitos y liberaba a este hombre, Melchor de Quintana y Argüeso, bachiller en Letras por los Estudios de Osuna, tercera Universidad de España. Melchor le dijo que no sólo le diría quién era el autor de los secuestros sino que le llevaría hasta él, ya que ñlo había matado hacia dos días. Se dirigieron entonces a la calle Entrecárceles y entraron en el caserón de la cácel Real, llegaron al calabozo dónde había estado encarcelado Melchor y se bajaron por las cloacas hasta llegar a un lugar dónde se cruzaban varias galerias. Fue entonces cuando Melchor dijo: " Ahí tenéis al ladrón y matador de niños". Y levantando la antorcha para iluminar mostró a los acompañantes el cuerpo de un monstruoso animal, que en un principio parecía un cocodrilo o un dragón pero que finalmente reconocieron como una gran serpiente, de temible aspecto. Uno de los alguaciles armados reconoció  la galeria y afirmó que en efecto era aquella gran bestia la que robaba a los niños saliendo por otras cloacas al interior de las casas pués había visto por el suelo algunos restos infantiles. Don Alonso se dirigió a Melchor y le dijo que era libre, que podía marchar a donde quisiera pero que pasara antes por la Casa Consistorial dónde le darían algún empleo si quisiera quedarse en Sevilla o dinero para que volviera a su pueblo si así lo deseaba.





Don Alonso ordenó que el disforme "cuerpo de la Sierpe" fuera sacado de aquella galería y fuera expuesto en la calle de Espaderos. A fuerza de repetir el relato de lo sucedido a esta calle se le empezó a llamar " La calle de la Sierpe", borrándose así la memoria del nombre que antes tenía, Espaderos

Según la leyenda Melchor Quintana se quedó en Sevilla ocupando un puesto honroso y que  las mujeres siempre lo veían como el hombre valiente además de poeta. Se casó con una hija del mismo Alonso de Cárdenas".


Tradiciones y Leyendas sevillanas. José María de Mena

Pero la primera versión documentada del orígen del nombre, se lo encontramos a Luis Peraza, en su obra del siglo XVI "Historia de Sevilla". En él cuenta que a mediados de la calle, existía un mesón y que junto a la barra, colgando, había una quijada de Serpientes y es de ahí de donde toma su nombre.


Algunos historiadores del S. XIX afirman que su nombre es tomado por Alvaro Gil Serpientes, caballero que en ella vivió tras la reconquista de la ciudad. Sin embargo estos apellidos no aparecen en el "Libro de Repartimiento" de la viviendas tras la reconquista.




La última versión es la que diera Próspero Merimée en el siglo XIX en el que lo relaciona metafóricamente con las vueltas, a manera de serpiente, tiene la calle. Se cree que ésta es la versión real y es la que ha sobrevivido hasta nuestros días.





jueves, 8 de diciembre de 2016

LA TUMBA DE COLON

Colón fallece en Valladolid el 20 de Mayo de 1506. Su muerte le pilla allí, ya que seguía a la Corte itinerante de Fernando el Católico. Su funeral se celebró en la Iglesia de la Antigua de Valladolíd y sus restos fueron depositados en el convento de San Francisco.

Su hijo Diego mandó a trasladar los restos  al Monasterio de Santa María de las Cuevas, de Sevilla, también conocido como El Monasterio de la Cartuja. Juan Antonio Colón, primo y mayordomo de Cristobal, se encarga del traslado, entregado a la comunidad de cartuja de Sevilla el 11 de Abril de 1509.

Está documentado que los restos de Cristobal Colón viajaron a Santo Domingo, República Dominicana. Un primer testimonio lo encontramos a Fray Bartolomé de las Cassas, en su obra Historia de las Indias en el año 1561. También constata el traslado a Santo Domingo Diego Ortiz de Zúñiga en su obra Anales. 

Una primera hipotesis de la fecha de su traslado se barajó allá por el 1536, dada por el historiador del S. XIX Antonio López Prieto en la que narra como fue llevado en Carabela a Santo Domingo. Con esta fecha coincide un documento del monasterio en la que testifica que se hae entrega de los restos para su traslado. En este caso la palabra entrega no es sinonimo de salida, ya que se tiene prueba de que esta no se produjera hasta años después.




Aunque no esta documentada con exactitud la fecha exacta que ocurriera, dos son las pruebas que hace pensar que fuera a posteriori del año 1536. Primera que la Catedral de Santo Domingo se terminara su construcción en 1540 y la segunda la Cedulas Reales de Carlos V fechadas en 1537, 1539 y 1540 donde se autorizaba a enterrar en la Catedral los restos de Cristobal Colón y su hijo Diego. El reclamo para tal acción la reliza Doña María de Toledo, viuda de Diego de Colón, como virreina, prima de Fernando el Católico, sobrina de del duque de Alba, hija del comendador mayor de León y benefactora de la Catedral.

Se da como fecha probable de su llegada a Santo Domingo, el 9 de Septiembre de 1544, puesto que es la fecha cuando llega una flota desde Sanlúcar de Barrameda, donde viajaba la virreina, Doña María de Toledo con los restos de su esposo Diego de Colón que falleciera en la Puebla de Montalbán (Toledo), un 23 de Febrero de 1526

Como podemos comprobar no está constatado la fecha exacta de su traslado, pero sí que viajara a Santo Domingo y permaneciera allí hasta su nuevo traslado a la Habana en 1795.

Después de varios años de guerra con Francia, la llamada guerra de Convención, de Rosellón o de los Pirineos, donde Carlos IV salió mal parado, con la ocupación por las tropas Francesas de territorios del norte de Cataluña y País Vasco, el 22 de Julio de 1795 se firma el tratado de Basilea para la Paz. Con este tratado se liberaba los territorios ocupados en suelo de la península a cambio de la cesión a Francia de los territorios de la Isla de la Española.

Estos hechos ocurren siendo Fray Fernando Portillo y Torres arzobispo de Santo Domingo. Se prepara la isla para la entrega a los franceses y Fray Fernando Portillo considera como una de las tareas mas importantes, el traslado de los restos de Cristobal Colón a la Habana.

Los restos mortales fueron trasladado, llegando a la Habana el 5 de Enero de 1796, donde se le hace entrega a D. Felipe de Trespalacios, obispo de la Habana, quedando depositado en la Caledral.



Tras la independencia de Cuba en 1898, los restos mortales de Cristobal Colón sufriría un nuevo traslado. Con ello se abrió un nuevo debate de donde debería ser llevados, proponiéndose como posibles destinos la Rábida en Huelva, junto al sepulcro de los Reyes Católicos en Granada, en la Mezquita de Córdoba o en el Panteón de los Marinos Ilustres en San Fernando, Cádiz. Fue el descendiente de Colón, el duque de Veragua, quién al final decide que los restos de Colón debería reposar en la Catedral de Sevilla, en el sepulcro que Arturo Mélida realizó para albergar los restos y que en un principio permaneció en la Habana, trasladándose a Sevilla junto a los restos.

 El sepulcro está formado en su base por un plinto de mármol sobre los que se apoyan cuatros heraldos, en representación de los cuatros reinos existentes, el reino de Castilla, León, Aragón y Navarra que sujetan el féretro destinado a guardar los restos de Colón.

En el 2002 la Universidad de Granada y tutelado por el genetista D. José Antonio Lorente Acosta, contastó que los restos que se encuentran en la Catedral de Sevilla son de Cristobal Colón. El estudio lo realiza obteniendo ADN de los restos y comparándolos con el de su hermano e hijo.

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