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martes, 22 de mayo de 2018

EL LEGADO DE MARTÍNEZ MONTAÑÉS EN SEVILLA: SANTO DOMINGO DE GUZMAN PENITENTE

Para situar el origen de la figura de Santo Domingo Penitente, nos tendremos que ir al 1605 cuando Diego González de Mendoza, encargaba a Juan Matínez Montañés, el retablo mayor de la iglesia del convento dominico de Santo Domingo de Portaceli. Las labores pictóricas y el dorado y estofado de las tallas correrían a cargo de Francisco Pacheco, como así especificaba el contrato. El total de la tasación fue de 1700 reales. Los trabajos finalizaron en 1609.


Tras la desaparición del convento situado en lo que actualmente sería el Colegio jesuitas de Portaceli, el retablo fue desmembrado, llegando a nuestros días solamente la talla de Santo Domingo de Guzman Penitente.

La talla se conserva en el museo de Bellas Artes de Sevilla. Tiene una altura de 1,47 m, con 0,68 m de ancho y 1,26 m de profundidad. Martínez Montañés representa al santo recogiendo las enseñanzas de Torrigiano, arrodillado, desnudo hasta la cintura, con el hábito blanco de la orden, suelto y atado en la cadera y en una mano un crucifijo y en la otra un flagelo con el que se azota la espalda.


Domingo de Guzman nace en 1170 en Caleruega, provincia de Burgos, España. Hijo de Felix Núñez de Gúzman y de Juana Garcés (llamada popularmente como Santa Juana de Aza, beatificada en 1828). Tras su periodo de formación con su preceptor, su tío el arcipreste de Gumiel de Izan, Gonzalo de Aza, contínua sus estudios en Palencia de Arte y Teología. Tras finalizar teología en 1194 es ordenado sacerdote.


En 1205 el rey Alfonso VIII le encarga que acompañe al Obispo de Osma, monseñor Diego de Acebes, como embajador extaordinario, para que concerte en la corte danesa las bodas del príncipe Felipe. Eso le lleva a viajar a Dinamarca y Roma. En estos viajes se aclaró su destino atendiendo a una vieja vocación misionera, convirtiendo a los herejes cátaros al catolicismo, a través del movimiento de predicadores. En 1215 establecería en Tolosa la primera casa masculina de la Orden de Predicadores. En 1220 consigue la Bula del Papa Honorio III para el reconicimiento de la Orden de Predicadores.



El 6 de Agosto de 1221 muere en Bolonia donde fue enterrado.

El monasterio de Santo Domingo de Porta Coeli, fuen fundao en la primera mitad del S. XV, extramuro de la ciudad, en unas casitas situadas en los terrenos llamados la Huerta del Rey y junto al palacio musulman de la Buhayra. Fue la segunda casa de dominicos fundadas en la ciudad, ya que anterior a este era el  Monasterio de San Pablo, fuando en 1420, promovido su edificación por Fray Álvaro de Córdoba.

La decadencia del monasterio sería consecuencia de la invasión francesa y el decreto de desamortización de 1835, condenando a la comunidad a la extinción y la ruina total del monasterio.


jueves, 17 de mayo de 2018

EL CASTILLO DE LA ALCANTARILLA O DE DIEGO CORRIENTES

Hoy me he ido a la provincia, para presentaros el desconocido Castillo de Alcantarilla. Este castillo se da su fama, no porque sea monumento histórico artístico, si no porque según una leyenda allí estuvo escondido Diego Corrientes Mateos, bandolero nacido en Utrera y del que después os hablo de él.



Para llegar a este ruinoso castillo, deberemos circuilar por la N-IV dirección Cádiz, pasar el poblado de Maribañez y a pocos metros tomar el desvío de la A-8030 dirección Utrera. Termino municipal al que pertenece el susodicho castillo.

Este castillo fue construido para fortificar en puente romano que salvaba al río Salado, que por cierto fue desviado su cauce. Fechado en el S. XIV, perteneció a la Orden de Alcantara y fue reconstruido en el lugar de otro de origen islámico. Durante el reinado de Alfonso XI perteneció a la ciudad de Sevilla.


Estaba formado por dos torres, uno a cada lado del puente. Una construida al noroeste del puente, con un arco por el que se accedía al puente. Esta torre, junto al arco, se mantuvo hasta el siglo XX en el que fue derribada para que pasaran vehículos de mayor volumen.


La torre que aún se conserva algo, deja ver que debió de ser de dos plantas, aunque actualmente solamente queda su planta baja y nos da idea de las dimensiones que debió tener (unos 155 m² de planta). Actuaba como aposentos para la guarnición y disponía de medios de defensa para bloquear el paso del puente.


Fue construida sobre una base de sillares labrados, reforzados en sus esquinas, el resto es de tapial a base de guijarros y restos cerámicos. En su interior se puede ver los arranques de las bovedas de ladrillos que la separaba de la segunda planta.


Pero como dije anteiormente, el castillo se conoce por el bandolero Diego Corrientes. 

Nace en Utrera el 20 de Agosto de 1757, siendo bautizado en la Iglesia del Señor Santiago ocho días después con el nombre de Diego Francisco Bernardo.

Pronto se convirtió en una leyenda popular, al repartir aquello que robaba entre los mas pobres del lugar. 

Consecuencia de su enemistad con Don Francisco de Bruma, regente de la ciudad, el rey Carlos III ordena en 1780 su captura, para ello ofrece una recompensa de cien piezas de oro a quien lo entregara vivo o muerto.

Huye a Portugal, siendo descubierto y denunciado por una mujer en un cortijo de Provenza, por lo que pronto el regente de Sevilla envía para detenerlo a cien hombres. 




Fue trasladado a Sevilla, donde fue juzgado y condenado a morir ahorcado, cosa que sucedió el 30 de Marzo de 1781. 




Y como era costumbre en la época, fue descuartizado  y su cuerpo fue repartido por los lugares donde se inventariaba sus asechorías. Su cabeza quedó en Sevilla, donde fue enterrada en la Iglesia de San Roque. Así se dió fin a las andazas de Diego Francisco Bernardo Corrientes Mateos, un bandido sin delitos de sangre.

domingo, 12 de febrero de 2017

LA PLAZA DE SAN FRANCISCO


Ya, desde el S. XIII se le conoce a este espacio con la denominación de Plaza de San Francisco. Topónimo que lo toma del convento que bajo esta advocación existía en la zona y cuya entrada principal la hacía por esta plaza.

Entrada principal de lo que fue el convento de San Francico
Al desempeñar las funciones de Plaza mayor de la ciudad, la denominación sufrió cambios, en función del estado político en el que se reflejara el momento. Por lo que pudo lograr mantener el nombre hasta principios del S. XIX. 

Ya en 1812, con la proclamación de la primera Constitución española, la plaza pasó a llamarse con ese nombre. Dos años mas tardes, se restaura el absolutismo y pasa a llamarse Plaza Fernando VII. En 1820 coincidiendo con el levantamiento de Riego en las Cabezas de San Juan, recupera el nombre de Plaza de la Constitución. En 1823 con una nueva reacción absolutista, pasa a llamarse la Plaza del Rey. Diez años mas tardes Plaza de Isabel II, hecho que coincide con la proclamación como reina, para que dos años después pase a llamarse de nuevo de la Constitución y cuando al año siguiente esta es jurada por la reina, pasa a conocerse como Plaza de la Constitucion de Isabel II. Este nombre se mantiene hasta 1840 en el que nuevamente pasa a llamarse Plaza de la Constitución.  

En 1873 con el advenimiento de la I República, se acuerda designarla como Plaza de la Libertad para que un año después nuevamente recupere el de Constitución. 

En más de una ocación este cambio de nombre iba acompañadas por intervenciones populares, procediendo a la destrucción del rótulo y colocación del nuevo rótulo de forma apresurada. En el zanjuán de entrada de la antigua Audiencia se conserva un grueso mármol, con el nombre de Constitución en letras de bronce, aparecidas en las excavaciones para las últimas obras de restauración del edificio.   

Foto del 1858 del fotógrafo francés afincado en Sevilla, Luis León Masson.
En 1931 pasa a llamarse como la Plaza de la República de nuevo. En 1936, una vez que el movimiento militar logra controlar la ciudad, pasa a llamarse Plaza de la Falange Española, partido político fundado por José Antonio Primo de Rivera en 1933. Ya en 1980 toma de nuevo el nombre de Plaza de San Francisco, topónimo que conserva hasta nuestros días. 

Fotografía de la Plaza de San Francisco en 1860. Autor Louise de Clercq. Podemos ver la fachada del Ayuntamiento y la Pila del Pato.
Sin embargo y a pesar de cual fuera el nombre oficial que adquiriera, siempre ha sido conocida de forma popular como "La Plaza de San Francisco" 

En 1729 un sector situado en el noroeste de la Plaza, fue conocida de forma oficial como Plaza de las Provincias.

En los primeros siglos de la época Andalusí, los terrenos donde se ubica la Plaza de San Francisco pertenecería a las periferias urbanas. Cerca estaría una de las puertas de acceso a la ciudad y en la inmediaciones un cementerio. Con la construcción de la nueva muralla almoravide, queda ya en el interior urbano de la ciudad.

Son pocos los cambios que ha sufrido y desde la Baja Edad Media tiene practicamente las mismas dimensiones y forma tropezoidal que tiene en la actualidad, salvo cortos retranqueos en el lado norte y sur y alineaciones de viviendas en el lado Este.

En 1416 el Rey Fernando I ordena que se construyera un pilar o fuente en la plaza y que se dotara de dieciocho pajas de agua procedente de los Alcázares que a su vez recibía de los Caños de Carmona. En 1539 se levanta la fuente sobre diseño de Asencio de Maeda. Fuente que su terminación tenía la figura mitológica de Mercurio. La figura de bronce fue dañada en actos vandálicos en multitud de ocasiones hasta que en 1611 se decide retirarla definitivamente y fundirla.

En 1717 el maestro canterano Juan de Iglesias construye una nueva fuente de piedra, rematada con una giraldillo de bronce. Esta fuente permancerá allí hasta que en 1850 fue sustituida por la que después fue popularmente conocida como la "Pila del Pato". En 1872 se colocó en el centro de la plaza y a ambos lados se construyeron dos pilas para el uso público, por lo que pasa a ser un elemento ornamental. La fuente permanece allí hasta 1880 en la que fue trasladada a la Alameda de Hércules. 

Fotografía del 1870. Este año se construyó el castillete donde va el reloj del ayuntamiento. En 1929 se sustituye por la actual espadaña.

Casi un siglo se llevó la plaza sin fuente, hasta la reordenación realizada en 1979, en la que se procede a montar la actual fuente denominada "Fuente de Mercurio", por estar rematada por dicha figura mitlógica en bronce. La obra es de Rafael Manzano Martos.

Fuente de Mercurio. Obra de Rafael Manzano año 1979
En 1694, el Cabildo ordena montar una Cruz de piedra de jaspe, junto al arco que daba acceso al convento de San Francisco. Esta cruz permanece hasta 1840 que por razones estéticas, según un versión o por que se rompió, según otras versiones, se desmontó y años después fue sustituida por la actual. 

Cruz de la Inquisición actual

Se tiene constancia de que la plaza estuviera "ensolada" desde 1432 y empedrada en 1576. Era cubierta de arena para las corridas de toros, que se celebraban en este lugar hasta la construcción de la Real Maestanza. Este sistema de pavimentación fue utilizado a lo largo de los S. XVI y XVII. Destacar que en el año 1617 se efectúa obras de canalización subterráneas de aguas y por lo tanto de nuevo empredrado.

En 1866 es adoquinada por primera vez y en la siguiente década asfaltada. Se dota de acerado entre los años 1907 y 1918.

El aspecto actual se corresponde con la reurbanización realizada en el 1979. Donde se recupera el adoquinado original. En el frente sur, con objeto de recuperar la fuente, se dispuso una zona circular mas elevada de chino lavado, con fajas radiales de adoquines, que convergen en esta. Dos farolas Fernadinas de cinco brazos y dos laureles d Indias completan este espacio


En el S. XVI se usaba barriles de alquitrán para iluminar la plaza con motivo de acontecimientos que allí se celebraban. En 1870 hay contancia de farolas a gas, sustituídas en 1902 por alumbrado eléctrico. Actualmente la plaza se encuentra iluminadas por columnas de fundición modelo Fernandino, de tres brazos en el lado del ayuntamiento y simple en el acerado de frente y las de cinco brazos en el acerado del banco de España como ya mencionamos. 


Las primeras referencias de edificación de la zona se tiene ya en el S. XIII, cuando el rey Alfono X el Sabio concede terrenos de la zona para la edificación de una mezquita a la colonia genovesa, en el lugar en el que hoy se levanta el Banco de España. Además se autoriza la construcción del Convento de San Francisco en los terrenos que ocupa hoy la Plaza Nueva. También consta que en 1461, aledaño al convento se construyera en madera la pescadería mas importante de la ciudad. En 1461 se construyó en ladrillo y en 1493 se trasladó a las Tarazanas. En este espacio en 1527 comienzan las obras de construccion de la Casa Consistorial, obras finalizadas en 1564. Las obras fueron dirigidas por el arquitecto Diego de Riaño hasta que en 1535 fue sustituido por Juan Sánchez.

Actual fachada del Ayuntamiento de Sevilla, de estilo plateresco
En el frente opuesto, al menos en 1481 se encontraba el edifio de la Cuadra de la Justicia y en ella se instaló años después la Real Audiencia. 


En 1595 se levantó de nueva planta. En 1605 se realizaron nuevas obras y en 1824 se renovó la fachada, instalando un reloj. En 1879 el edificio sufrió un incendió, sin apenas sufrir daños, no así el sufrido en 1918, que posiblemente fuese intencionado. Aníbal González dirige las obras de restauración del edificio, inaugurándose en 1924.

Incendio de la Real Audiencia de 1918
En la década de los años 1960 la Audiencia fue trasladada al Prado de San Sebastián, siendo el edificio adquirido por una entidad bancaria para su sede central. El edificio fue restaurado por el arquitecto Rafael Manzano, donde respeta la fachada neorrenacentista de Anibal González.

Antiguo edificio de la Real Audiencia, propiedad de una entidad bancaria, tras la restauración realizadas en la decada de 1970 por el arquitecto Rafael Manzano 
El resto de viviendas de la plaza, estaban formadas por casas con soportales en la planta baja, donde se ubicaban distintas actividades y balcones en las plantas altas, donde sus propietarios los alquilabas para la asistencia en grandes eventos, como corridas de toros, actos de fe, etc. Hay constancia de que los edificios tenían  soportales, desde al menos en el S. XIII, a principio de madera y fueron siendo sustituídos por otros de piedra, mármol o material. Sus dimensiones eran lo suficiente grande como para que se pasara en caballo por debajo.

Fotografía realizada en 1862 por Alejandro Massari
.Las actuales edificaciones son del primer cuarto del S. XX, respetándose el parcelario medieval de planta alargada y fachada estrecha. 
Cabe destacar la casa nº 10, obra de José Gomez Millán (1914); la nº 11 de Juan Talavera Heredia (1914), donde estuvo la farmacia Fontán y en la actulidad propiedad de una entidad bancara; la nº 12 también recuperada por una entidad de ahorro y la nº 13, obra de José Espiau y Muñoz (1911-1913)


Lado este de la Plaza de San Francisco en la actualidad
Las viviendas existentes en su lado sur, fueron derribadas en 1918. Ese mismo año se proclama vencedor Antonio Illanes del Río, de un concurso para el proyecto de construcción del Banco España. Las obras se ejecutan entre 1925 y 1928 en la parcela derribada. 


Lado norte de la Plaza de San Francisco.
En su lado norte encontramos el edificio conocido en Sevilla como Laredo. Toma su nombre del antiguo e histórico Bar Laredo, que se instaló en el inmueble en 1945. Se trata de un claro ejemplo de arquitectura regionalista sevillana. Edificio de cinco plantas, con fachadas en ladrillo visto tan popular en el primer tercio del S. XX, con rasgos tan singulares de su estilo arquitectónico como las rejas o la cerámica. El proyecto empieza a construirse en 1918 bajo la dirección de Ramón Balbuena y Huertas y fue finalizada en 1927 bajo la dirección de Maneul Cuadrillero Sáez.

Fotografía del lado sur de la Plaza del 1880

jueves, 26 de enero de 2017

LA ALAMEDA DE HÉRCULES

La Alameda de Hércules se encuentra en la zona norte del distrito de Casco Antiguo y  de lo que fue la urbe amurallada medieval y cerca del paseo de Juan Carlos I, la dársena del río y de barrios con tanto renombre y solera como son el de San Lorenzo, Feria o el barrio de la Macarena.



En una bonita leyenda, que sitúa en el año 584, el origen del espacio que después llegaría a ser la Alameda. Por su puesto, este hecho no está documentado. Leovigildo se proclamó rey visigodo tras la muerte de su hermano. Su hijo Hermenegildo se convirtió al cristianismo y al año siguiente se autoproclamó rey de la ciudad. sublevándose a su padre. Leovigildo hizo cambiar el paso del agua del brazo menor del Guadalquivir que pasaba por la Alameda de Hércules a fuerza de obstaculizar su paso y así cortar el suministro de agua a la ciudad. Con esta leyenda el espacio que hoy conocemos como la Alameda, queda como unos terrenos desecados y con cotas mas bajas que el resto de la zona.

Lo cierto de todo ello es que fue un brazo del Guadalquivir, espacio extramuro hasta la construcción de la muralla almorávide en el S. XII, momento en el que se debió de desecar. Aunque la mayor parte del agua de la zona vertían hacia allí y a través de un husillo esta iba a parar al río.

Por su condición de espacio de cota baja y sin urbanizar, hacian que se acumulase las aguas residuales y las de lluvia y por ello fue conocida en el S. XIII por la Laguna o la Laguna de Feria por la cercanía al barrio del mismo nombre.

En 1574 Francisco Zapata y Cisnero, conde de Baraja y asistente de Sevilla, ordena la urbanización de la zona, con la plantación, entre otros de álamos. Por esa circunstancia es por entonces conocida como "La Alameda" hasta entrado el S. XIX. Entre 1830 y 1860 se la conoce como la Alameda Vieja, para diferenciarla de la que se había formado tras la urbanización del actual paseo de Cristobal Colon.

En 1845 es cuando recibe la denominación oficial de Alameda de Hércules, nombre que perdura hasta nuestros días. Toma el nombre en referencia a las esculturas que rematan sobre las columnas, una de las cuales encontramos al héroe mitológico y según la leyenda fundador de la ciudad.

Estas columnas montadas en la zona meridional de la Alameda en el 1575 en modo de entrada a esta, fueron traídas del templo romano de la calle Mármoles y sobre ellas se colocaron las esculturas de Hércules, fundador de la ciudad y de Julio César a quien se le atribuye la renovación urbana de Hispalis. Ambas esculturas fueron realizadas por Diego Pesquera.



El Cabildo Municipal hizo grabar en los pedestales unas inscripciones latinas, resaltando que ambas esculturas son dedicadas a Carlos V y Felipe II, a quienes compara, respectivamente, con el mítico personaje y con el dictador romano. La columna de Hércules es dedicada a Carlos V y dice: "... que mucho más allá de las columnas de Hércules, dilatada su gloria por el nuevo mundo, terminó su imperio con el océano, su fama con el cielo...". Hay una segunda inscripción dedicada a Conde de Barajas, como artífice de la urbanización de la zona y montaje de las columnas.


La de Julio César está dedicada a Felipe II que como aquel contribuyó a la reforma urbana de Sevilla, "... y dadas de nuevo ilustres leyes municipales, ha aumentado y ennoblecido esta ciudad, como Óptimo Príncipe, y de esta Romulense Colonia restaurador...". Hay también una segunda inscripción, esta en castellano, que se limita a dar fe que la obra fue realizada en 1574, reinando Felipe II, siendo asistente de la ciudad el Conde de Barajas y obrero mayor Juan Díaz Jurado.

Entre los años 1764-65, siendo asistente de la ciudad Ramón de Larumbe, se produce una profunda remodelación, con el montaje de tres nuevas fuentes, la reposición del arbolado, nuevos asientos y alcantarillas y la colocación en el frente norte de dos nuevas columnas, buscando la similitud geométrica con el lado sur, en las que se erigieron dos esculturas de leones y en sus manos el escudo de España y el de Sevilla.



De nuevo se mandó a grabar dos lápidas una en cada columna, en la que se explican las obras por entonces realizadas. La de la derecha da fe de la nueva cañería que desde la fuente del Arzobispo surte de agua a la Alameda y la de la izquierda explica las operaciones de reurbanización realizadas en la Alameda.

En 1801 se realizaron una nueva reforma, menos vistosa pero más higiénica para la ciudad y para la Alameda. Se cerraron las zanjas que recibían las aguas y escombros y se construyó una gran cloaca.

Hasta mediados del S. XIX la Alameda de Hércules era de mayor dimensiones, hasta que se realizan una serie de reformas urbanísticas, Entre las reformas realizadas, se destaca la que llevadas a cabo por el arquitecto municipal Balbino Marrón en 1857 que percibía una Alameda más o menos rectangular. Fruto de su reforma crea nuevas manzanas de viviendas alrededor  y con ello la formación de nuevas calles, por ejemplo la calle Belén o la prolongación de algunas existentes, como por ejemplo la calle Lumbreras. Además deja aislada y fuera del espacio de la Alameda la capilla del Carmen de Calatrava, que hasta entonces había formado parte de ella.



En 1852 se manda a retirar las fuentes montadas bajo los mandatos del Conde de Baraja y Larumbe y se monta, en el extremo norte, la Pila del Pato, traida desde la Plaza de San Francisco y hasta que en 1942 fue llevada al Prado de San Sebastián. En 1876 se limpian las columnas de Hércules y Julio César y se les colocan rejas y diez años después se monta las rejas alrededor de las columnas que soporta  a los leones.

Todas las reformas hasta ahora habían sido realizadas mantenido la ordenación del espacio de la Alameda como una sola unidad, tanto en su sentido longitudinal, como en el latitudinal sin el paso de vehículos a través de ella. Hasta que en 1936 se fragmenta con la prolongación de las calles Belén y Santa Ana, dejando la Alameda dividida en tres fragmentos. En la reforma de 2007, que es la que conocemos hoy día, se vuelve a considerar la Alameda como una sola unidad totalmente peatonal.

Fruto de esta última remodelación, además del ya hablado arbolado y las columnas, nos encontramos a lo largo de todo el paseo de la Alameda de Hércules varias fuentes. Se componen de un mosaico de azulejos realizado a ras del suelo con surtidores que se abren y vierten el agua de dos formas distintas, por dispersión y vertiendo un chorro vertical, obra de Elías Torres. Buscando la sombra del arbolado, encontramos bancos de líneas geométricas realizado mediantes placas de hormigón pintadas en tono albero. Se componen de varias plataformas de asiento con respaldos dispuestos irregularmente, creando composiciones geométricas.

Son pocas las referencias que se tienen de la pavimentación de la Alameda de Hércules. Hasta el S. XIX los caminos eran enarenado, sobre para la celebración de las veladas de San Juan y San Pedro. En 1868 se enpedró el tramo comprendido entre las calle Santa Ana y los Hércules. En 1901 se adoquinó el tramo comprendido entre Trajano, Amor de Dios y los Hércules, para el paso del tranvía. Con posterioridad se adoquinó el resto de la calzada y en 1970 se asfaltó. Hasta el 2007, donde se llevó a cabo la última reforma, donde se encuentra tal y como la conocemos hasta nuestros días, la Alameda de Hércules estaba pavimentada con albero y en su parte central veíamos una losa de hormigón fruto del abandono del primer proyecto del metropolitano de Sevilla.

La edificación alrededor de la Alameda de todo los tiempos era la casa popular de dos plantas. Hoy, como ocurre con el resto del casco antiguo, se da paso a edificar nuevas viviendas multifamiliares de cinco plantas con otras del S. XVIII, XIX y XX. Cabe destacar la casa nº 22 esquina a calle Santa Ana, del S. XVIII, hoy restaurada y convertida en hotel.


También merece mención la casa nº 93 esquina a la calle Barco. Entre las pilastras vemos la fecha de su construcción (1698). Es una casa de dos plantas y ático con arcos de medio punto, restaurada como viviendas multifamiliares.





Pero sin duda la casa que mas interés despierta, es la llamada Casa de las Sirenas. Ocupa la manzada formada por las calles, Arias Montano, Jesús del Gran Poder, Recreo y la propia Alameda de Hércules.

Se construyó en uno de los terrenos adquirido por Lázaro Férnandez de Ángulo, Marqués de Esquivel, fruto de la alineación y reurbanización llevadas a cabo en el 1857 y construido por el arquitecto Joaquín Fernández Ayarragaray entre los años 1861 y 1864. Palacete romántico de influencia francesa, de estilo único en la ciudad. Después de ser abandonada y saqueada durante los últimos años del S XX. fue adquirida por el Ayuntamiento de Sevilla, restaurado y en la actualidad es sede del centro cívico de igual nombre




Ya para finalizar, os invito a que sigamos paseando por la Alameda de Hércules, encontrándonos en la extremo norte, este conjunto escultórico dedicados a la Niña de los Peines, a Manolo Caracol y a Chicuelo. Es sorprendente como estos tres monumentos han llegado hasta allí.


La primera que vamos a ver es el retrato en bronce de Pastora Pavón, "Niña de los Peines". Es una figura de medio cuerpo, envuelta en un mantón en actitud de iniciar un cante. Es un retrato de características académicas, ya que se trata de un retrato idealizado de la homenajeada. Se alza sobre pedestal de mármol.



Este monumento fue realizado por Antonio Illanes Rodríguez, con el patrocinio de Radio Sevilla, siendo inaugurado en 1968. Se encontraba en el ensanche de la calle Calatrava. Desde ese mismo año se convirtió en el escenario de numerosos homenajes en honor de la Niña de los Peines. Poseía un original pedestal de hormigón decorado con los palos que dominaba la artista en letras de bronce. En 2003 se encontraba sobre un nuevo pedestal vallado con una verja de hierro. Fue retirado con motivo de la remodelación de la Alameda hasta que en 2009 fue instalado en la ubicación actual sobre nuevo pedestal.


La segunda es una escultura realista realizada en bronce que representa a Manolo Caracol sentado, en clara actitud de iniciar un cante. En el plano frontal del monumento, el escultor traza el relieve de una guitarra entre las piernas del cantaor. El monumento se alza sobre un pedestal cuya forma reproduce la base de la escultura.


Surge de una propuesta del crítico flamenco José Antonio Blázquez. Fue inaugurada en 1991 situada frente a las columnas de Hércules. En 2005, con motivo de las obras de reurbanización de la Alameda, fue retirada y permaneció en los jardines de la Casa de las Sirenas, centro cívico de la Alameda, hasta mayo de 2009 en que fue recolocada en su ubicación actual sobre un pedestal nuevo. Su autor es Sebastián Santos Calero.



El tercer homenajeado es  Manuel Jiménez Chicuelo justo en el momento de ejecutar una "chicuelina", lance creado por él.




Escultura realizada en bronce por Alberto Germán Franco, se alza sobre pedestal cilíndrico de piedra donde se inseta un relieve en bronce con escenas y paisajes alusivos a la biografía del homenajeado: el puente de Triana, la Plaza de la Maestranza o la propia Alameda de Hércules. En total el conjunto mide más de tres metros de altura.



Este monumento fue sufragado por la Fundación Caja Rural del Sur. Fue inaugurada el 21 de julio de 2009 contando con la asistencia del propio autor.

Ya para finalizar veremos una vista aérea de una de las fuentes que forman hoy la Alameda. En ella aparecen dos fechas, 1574, cuando se llevó a cabo la primera reurbanización de la zona y la de 2007, fecha prevista la inauguración de la reurbanización diseñada por el arquitecto Elías Torres. Curisoamente se inauguró un año después.


Y de estas imágenes de como es la Alameda de Hércules hoy en día



jueves, 12 de enero de 2017

LA CALLE SIERPES (II): HISTORIA

Ya hemos visto en el capitulo anterior cual pudo ser el origen del nombre de la calle. En esta capitulo quiero que conozcamos un poco su historia, quienes la habitaron y como fue evolucionando a lo largo del tiempo hasta llegar a la calle que todos conocemos y por la que hoy podemos pasear

También vimos en el capítulo anterior, que el primer topónimo con el que se conoce la calle  tras la reconquista de la ciudad por Fernando III fue la de calle  Espadero, ya que fue este gremio la que la habitó. Que en época de los Reyes Católicos es conocida con ambos nombre y como despues de algunas transformaciones en su nombre  paso de llamarse  la Calle de la Sierpe a llamarse calle Sierpes. 

Pues empecemos a situarla donde se encuentra en la ciudad. Esta calle pertenece al distrito municipal del casco antiguo de la ciudad y va desde la Campana hasta la Plaza de San Francisco. Próximo nos encontramos el Excmo. Ayuntamiento de la ciudad y no muy lejos la Sevilla monumental, con la Avda. de la Constitución, La Catedral, El Alcazar, El Archivo de Indias o la Iglesia del Divino Salvador. Tampoco hay mucho trayecto para llegar al río y cruzarlo por su Puente de Isabel II para llegar al arrabal mas antiguo de la ciudad y mundialmente conocido barrio de Triana.



Pero para conocer la calle Sierpes de hoy, empezaré trasladandome al 1771, con los planos y la división urbanística que se le encarga a Pablo de Olavide. En ellos vemos que en la misma calle Sierpes aparecen dos zona a la que se le conocía con nombre propio.


 La primera es la formada por la confluencia con la calle Rioja. En dichos planos vemos que se le conoce con el nombre de la Cruz de Cerrajería. El origen de este nombre se debe a que en ella se econtraba una cruz de hierro, realizada en 1692 por Sebastián Conde y que fue a sustituir otra del siglo XIV.


Esta cruz era necesario demontarla cada vez que se celebraba algún cortejo oficial, hasta que en 1840 se desmonta definitivamente, para terminar montándose en la plaza de Santa Cruz, como podemos ver en la imgaen. Con posterioridad y  una vez desmontada la cruz pasó a llamarse Plaza de la Cruz de Cerrajería.

Plaza de la Cruz de Cerrajería, según los planos de Pablo de Olavide 1771
La segunda es la que forma la confluencia de la calle Sierpes con Sagasta y Jovellanos. En ella aparece que desde mediados del S XVIII se le conocía como las Cuatro Esquinas y posteriormente las Cuatro Esquina de San José, nombre dado por la proximidad de la capilla de San José allí existente.




La calle era estrecha y muy sinuosa hasta que en 1854 cuando se ordena la ejecución del primer proyecto de ensanche y alineación de las fachadas. A este proyecto le siguieron otros en 1860, 1873, 1890, 1911, 1926, 1931 y finalmente el de 1941 al que le afectó a la manzana formada por las calles Sierpes, Almirante Bonifaz, General Polavieja y Granada y así conseguir la alineación que existe en nuestros dias.

Como ya hemos visto el origen de la calle fue la desecación de un brazo del Guadalquivir que iba desde la Alameda de Hércules hasta la desaparecida Puerta del Arenal, donde desembocaba en el río principal. Es por ello que la cota de la calle es muy baja y por lo que en multitud de ocasiones se inundaba, llegando a ser intransitable. Así se recoge en 1729 una protesta vecinal tras la retirada de unas pasaderas existente.

En el S. XVIII aun era permitido tirar libremente aguas fétidas a la calle, que corría hacia la campana. En 1850 es aprobado la construcción de unas cloacas en el tramo entre La Campana y Pedro Caravaca, obras que finalizaron en 1878.

Siempre se ha tratado de una calle de mucho tránsito de personas, por ello la pavimentación de la calle ha sido una empresa prioritaria para los distintos gobernantes de la ciudad. Por lo que podemos encontrar documentación de que en 1522 el firme se encontraba enladrillado para facilitar su tránsito. En 1597 se empiedra por primera vez. En hechos como el Corpus Christi, el desfile del Estandarte Real en 1666 o la venida de Carlos V a la ciudad en 1790, eran ocasiones para limpiar y reparar la zonas defectuosas o empedrar la calle de nuevo.

En 1892 se acuerda adoquinar la calle y en 1904 de cubrirlo con una capa de cemento. En 1948 se aprueba pavimentarla con  una losa de cemento y en 1973 se realiza una obra de pavimentación y reinstalación de las instalaciones de agua, alcantarillado, etc. Hasta que no hace mucho se pavimentó con la solería que vemos en la actualidad.

El origen del alumbrado lo encontramos con la instalación en 1854 de unas farolas a gas, renovadas en 1888. Le primera iluminación con energía electrica la encontramos para el transcurrir de la Semana Santa de 1894, en la que se instalan unos focos a lo largo de la calle.


De las construcciones ya desaparecidas, destacaremos la antigua cárcel, que desde época medieval logró sobrevivir gracias a las múltiples reformas realizadas en ella. Allí estuvieron presos Miguel de Cervantes y Mateos Alemán. 

El nuevo edificio que se construyó tuvo multiples uso, baños públicos, hostal, café, hasta nuestro día que es propiedad de una entidad bancaria.

En la fachada del edificio nos encontramos una lápida montada en 1905 por la Real Academia de las Buenas Letras, en la que nos recuerda que allí estuvo preso Cervantes.


También vemos en la fachada un azulejo de Gonzalo Bilbao, donde se representa la entrada principal de la antigua cárcel. Este azulejo fue encargado en 1934 por el Banco Central Hispano propietario de por entonces del edificio.


 A los largo de los S. XVI y XVII proliferan el asentamiento de varias ordenes religiosas en la calle. La primera que destacamos, asentadas en el primer tramo de la banda de los impares, es la orden de monjas dominicas de Pasión. En 1838 tras la exclaustración realizada por Mendizabal, se instala la primera litografía que existió en Sevilla, introducida por Vicente Mamerto Casajus y Espinosa. Así nos lo recuerda un azulejo montado por la Asociación de Comerciante de Sierpes el 1 de Junio de 1986


A principio del S. SVII se instalan los padres agustinos, en la esquina con la calle Pedro Caravaca, para crear el convento de San Acacio. Tras las expulsión por los franceses, fue ocupado por la Academia de las tres Nobles Artes, posteriormente por la biblioteca municipal y seguidamente por las oficinas de Correos. Hoy es la sede del Real Circulo de Labradores y Propietarios de Sevilla


También fue sede de la Hermandad del Gran Poder entre 1696 y 1703, como así podemos ver en un azulejo recordatorio instalado en 2001

 A la altura de la c/ Rioja, se encontraba el convento de Nuestra Señora de Consolación de las monjas mínimas de San Francisco de Paula. Las monjas mínimas sufrieron también la exclaustración de Mendizabal, pasando a ser la sede del Círculo de la República Federal y mas tarde el Cine Llorens

Un último habitante del S. XVI que querría destacar fue el famoso Dr. Nicolás Monardes y Alfaro y su jardín botánico, como así nos lo recuerda el azulejo montado por acuerdo del Excmo. Ayuntamiento de Sevilla en la casa del nº 19, el 10 de Octubre de 1988, para conmemorar el cuarto centenario de su muerte.



El denominador común de esta calle a lo largo del tiempo es su dedicación al comercio y a la artesanía. Ya en el S. XV se encontraban un gran número de talleres de espaderos y herreros. En los S. XVI y XVII econtramos talleres de artesanos dedicados al calzado, guarnicioneros y talabarteros, espaderos y cuchilleros, cerrajeros e impresores y fabricantes de naipes. De ahí que Cervantes hace referencia a Pierre Papín y su tienda de naipes. Además en el S. XVIII las ordenanzas establecen el asentamiento del gremio de los plateros.

Ya en el S. XIX se produce un cambio en las actividades desarrolladas en la calle, desapareciendo los talleres artesanales y dando paso al comercio como hoy lo conocemos. Entre estos podemos destacar algunos que bien han desaparecidos recientemente o que aun existen, la Papelería Ferrer del 1856, la confitería La Campana de 1885. Algo posteriores son el Cronómetro, fundada en 1901, la sombrería Maquedano, del 1910, casa Rubio, dedicada a la venta de paraguas y abanicos o Deportes Z.




En este siglo también adquieren importancia la hostelería. Se abren varias fondas y hoteles y proliferan los cafés y los centros de tertulias políticas y literarias.


Es a partir de los años 60 del S. XX que se transforma el ambiente, pasando a ser una calle puramente comerical y mercantil y cada vez menos residencial y de ocio.

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